porque la vida me ha hecho así.
Creo que desde niña siempre fui rebelde y protestona (esta última palabra la decía a menudo mi madre de mí).
Y luego el paso de los años y las vicisitudes de mi vida, no sólo no han suavizado mi natural inconformismo, sino que lo han acentuado, llegando a convertirse en ocasiones en un problema.
Siempre quiero todo y lo quiero ya. La paciencia nunca ha sido una virtud mía.
Y sé que eso no puede ser, no es compatible con una vida tranquila…
Lo malo es que por más que intento convencerme a mí misma de lo contrario, ya sabeis, el “hay que asumirlo”, “la vida es así”, “tienes que quedarte con lo positivo”… pues no lo consigo.
Siempre aspiro a lo máximo, no me conformo nunca.
Por una parte pienso que debería curarme un poco de esta rebeldía…que sólo me hace sufrir, pero está claro, que el día que la pierda ya no seré yo.








