A veces una misma se sorprende de su propia fortaleza física y mental…
Aunque siempre había tenido mis pretensiones de ser una persona autosuficiente; en los últimos tiempos, debido a las circunstancias en que se venía desarrollando mi vida, me venía considerando a mí misma como una debilucha y una floja.
Si hace un tiempo me dicen que yo iba a ser capaz de poder hacer lo que he hecho en los últimos días, sinceramente ni de coña no me lo creo.
En pocos días, he buscado un piso de alquiler que se adaptase a todas mis exigencias y lo he encontrado. He conocido a los dueños, he firmado el contrato y me han entregado las llaves. He recogido todas mis pertenencias que tenía en el hotel y las he ido llevando yo sola y a patita al nuevo piso. Aunque está cerquita, tuve que hacer… 4 viajes!!. Aún no me explico cómo pude traer eso yo sola en el tren cuando vine a Pontevedra hace hoy justo un mes.
He ido colocando poco a poco cosas en el piso (aunque faltan muchas…). He hecho una súper compra para llenar una nevera y un piso que están vacíos (y no sólo en el sentido material de la palabra).
Claro, esto lo he hecho a la vez que trabajaba por las mañanas (y últimamente la mayoría de las tardes), saliendo de currar, como ayer hacía, a las 7 de la tarde.
Y sobrellevándolo con el peso de la extrañeza y el vacío que me produce la ausencia de una persona importante.
Y todo esto sin contar la que me espera en Valladolid este próximo finde.
Espero no explotar, porque estoy exhausta física y mentalmente.







