La verdad es que me ha quedado un título muy resultón del post.
Iba a explicar estos dos temas, y como creo que uno es consecuencia del otro, pues así mato dos pájaros de un tiro.
El 7 de julio se cumplió un año de mi existencia twittera. Así, a lo tonto, ya ha pasado un año. A través de la puerta de twitter, he conocido un mundo que era desconocido para mí y en el que me siento muy agusto, pese a mi ignorancia informática de base.
En poco más de año y medio con ordenador e internet en casa, no se puede conseguir lo que normalmente la gente ha tardado 10 o 12 años en ir asimilando. Así que mis errores suelen ser gordos, porque no tengo base ninguna.
Pero eso sí, le pongo ganas porque me interesa y me apasiona. Es un mundo en el que puedo ejercitar agusto mis deseos innatos de aprender y curiosear.
Hace un par de años, si me hubieran hablado de Apple o de ser “maquer@” (dícese del fan de Mac), probablemente habría mirado a esa persona como si de un extraterrestre directamente venido de otra galaxia se tratase.
Durante estos meses he conocido a muchos maqueros, he ido leyendo y/o aprendiendo sobre Apple, incluso he llegado a seguir las periódicas keynotes de la compañía, lo que unido a mi medio año de satisfactoria posesión de un iPhone (hay que ver lo que le sigo añorando), y también el saber que hasta tengo antecedentes familiares que me eran desconocidos, me han ido llevando casi sin darme cuenta a la senda del “tito Steve”.
Aunque ya formara parte del Mundo Mac de espíritu, mi entrada efectiva se ha producido hace 3 días con la adquisición de un ordenador Apple. Un Mac Book Pro de 13′. Y aún estoy flipando.
Tenía que invertir dinero en mi antiguo portatil, y vi que era el momento justo para dar el salto.
Me he convertido.
Bye bye Windows!. Bye bye, Bill!.







